martes, 19 de enero de 2010

"Yo también soy pintor"

CONFERENCIA DE FERNANDO CASTRO
“YO TAMBIÉN SOY PINTOR”


Fernando Castro comenzó la conferencia diciendo; “Yo también soy pintor, y uno sabe de sobra que no ha pintado un cuadro. Pero yo quiero aparecer hoy aquí, en la Facultad de Bellas Artes de Granada, reivindicando que soy pintor, porque en el fondo ¿quién no ha pintado? ” …
Inició su discurso con un despliegue de imágenes un tanto arbitrarias, con la intención de animarnos. La primera que apareció fue la del presidente de los EE.UU, Obama, arremangado y pintando con un rulo, y dijo: “y uno que se arremanga es uno que pinta”… Así fue criticando a una serie de artistas como Jackson Pollock, Lucio Fontana o Pierom Anzoni con su obra “l Merda d´artista:” una lata de mierda que se vendía a precio de oro, que no era otra cosa que la manifestación de escoria en la máxima riqueza, pero también la representación por parte de los artistas de que el arte es una mierda”.
Con todo esto fue adentrándose en este mundo difícil como es el arte y, poniendo los puntos sobre la íes, abordaba cada autor y su obra cargado de una energía creativa increíble. Pienso que este mundo ha tomado un rumbo de desvalorización, bien por los intereses económicos de los que intervienen y median, o porque la obra no se supere, ya que a todo no se puede llamar obra de arte. Castro dijo: “el arte contemporáneo está sometido a la mayor charlatanería”; y para esto citó un libro titulado: “Convergence Culture” de Henry Jenkins, que nos muestra la situación actual en la que finalmente no hay una producción cultural ni una reflexión actual.
Continuó con su fin, que era el de activar en todos los asistentes el ánimo y la ilusión de ser artistas, y citó a Jagrues Ranciére con su libro “El maestro ignorante”, que cuenta la historia de un belga que se puso a dar clases de francés y lo iba aprendiendo al mismo tiempo que sus alumnos, haciendo lo que podía, y luego decidió dar clases de piano sin saber tocar el piano, de física, de química y de derecho y finalmente decidió afrontar el enseñar a pintar, el dar clases de pintura sin saber pintar. Ranciére quiso enseñar algo, enseñar que está prohibido decir “no puedo”, no cabe decir “no puedo”, el que dice “no puedo” no dice nada.
“Si yo digo que yo soy pintor, ¿por qué decís vosotros que no lo podéis ser? Ustedes son pintores, lo quieran o no”.
En la Sala de Grados se palpaba la emoción, las risas de todos los que estábamos allí respondían a lo que había criticado tan claramente, como por ejemplo la obra de Duchamp cuando dijo; “todavía ahora presentamos el orinal de Duchamp y la gente se queda estupefacta. Los productos duchampianos son los que introducen un profundo veneno en el seno de la cultura contemporánea”. Es genial a la hora de mover conceptos por cómo los genera, relaciona y profundiza. Aquí en este punto, en mi opinión esta obra de Duchamp no me dice nada; ¿quizás por ser una obra que está consagrada se debe considerar que es buena?... Su energía se subía con lo que supuestamente no estaba de acuerdo y allí los asistentes estábamos atentos, disfrutando de cada comentario.
También dijo: “nosotros somos pintores y tenemos enemigos, como Los Malditos Bastardos de Quetin Tarantino…, El Pianista de Roman Polanski…, Torrente…, Sebastián Salgado… y Barceló, que va vestido de deshollinador galáctico, con la bóveda de cagarrutas, pintura vomitiva”.
Siguió con otros ejemplos enriquecedores: “Cuando la fe mueve montañas” de Francis Ali, y narró una de las cosas que hizo este autor, que fue arrastrar un bloque de hielo hasta quedar en una mancha de agua, “porque a veces hay que atreverse a hacer algo inútil”. Y continuó diciendo: “En la poesía oriental, el arte es atreverse a caminar. Hay que aprender a caminar, hay que atreverse a caminar, aunque sean paseos larguísimos y agotadores”. También citó una obra literaria. “Alcanzar las nubes”.
Concluyó recomendándonos un libro titulado “Si queremos podemos” de Ranciére. Habían pasado casi dos horas sin enterarnos. La dosis inyectada de positivismo hizo creer más en nosotros y hacernos creer que somos pintores.

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